23 nov. 2014

Magnus Carlsen Campeon del Mundo de Ajedrez 2014

Magnus Carlsen renueva su título de
Campeón Mundial de Ajedrez, por dos años mas, tras ganarle a Viswanathan Anand 6,5 a 4,5 en el campeonato mundial de ajedrez celebrado en Sochi (Rusia).



La historia dirá que ganó Magnus Carlsen (6,5-4,5), pero lo cierto es que perdió Viswanathan Anand, cuyos nervios no aguantaron la presión cuando estaba cerca de dar un zarpazo brutal en el duelo de Sochi (Rusia). El noruego, letal en el aprovechamiento de ese error, reinará hasta finales de 2016 y cobrará 600.000 euros, por 400.000 del indio, pero ambos deberán donar el 20% a la Federación Internacional (FIDE).

“Es obvio que mis nervios me han fallado”, reconoció Anand unos minutos después de felicitar al campeón por su victoria con un apretón de manos y la primera sonrisa que le dedicó en todo el duelo; luego charló con él amigablemente durante un cuarto de hora. Sólo una hora antes, el numeroso séquito de familiares y amigos del noruego, así como el ejército de periodistas de su país, cambiaron su esperanza de triunfo por la angustia de un posible desastre. Y tenían motivos: Anand había encontrado una idea magnífica, y si también hallaba la continuación precisa, Carlsen sufriría una presión brutal, en el tablero, en el reloj y en su cabeza.

Contrariamente a la valiente actitud que mostró en varias partidas muy importantes de su carrera, jugando a ganar cuando le bastaba el empate, Carlsen afrontó este penúltimo asalto de manera muy conservadora, permitiendo que Anand plantease, una vez más, el pétreo ‘muro de Berlín”, una defensa que nadie ha logrado quebrar de manera convincente desde que Vladímir Krámnik destronó con ella a Kaspárov en 2000.

Esa estructura suele producir posiciones muy aburridas para los aficionados de nivel técnico bajo. Pero no siempre, y ésta fue una de las excepciones: Anand hizo temblar el tablero con una idea genial en la 23, que le daba ventaja. Además, el reloj empezaba a apretar a ambos. La tensión era extrema: si el indio convertía esa ventaja en victoria, igualando el marcador, conduciría las piezas blancas el martes en la última con la moral de Carlsen por los suelos. La decisión de éste de no arriesgar en el penúltimo asalto podía estrellarlo contra las rocas.

El Kárpov de los mejores tiempos –el gélido Anatoli- hubiera ganado probablemente esta partida con las piezas de Anand. Pero éste no pudo controlar sus nervios y cometió dos errores: primero no vio una jugada difícil, pero no tanto como la que acababa de hacer, que hubiera puesto a Carlsen contra las cuerdas; y luego perdió el norte –“No sé por qué he hecho esa jugada”- con una idea que le dejaba perdido.

Como de costumbre, Carlsen no eludió la autocrítica: “Hoy he jugado mal en un periodo muy delicado de la partida, pero luego he sido muy preciso al aprovechar el error de Anand”. En cuanto a su rendimiento en todo el duelo, dio la razón a Kaspárov, quien había diagnosticado que sufría “el síndrome de la revancha”: “Hace un año no esperaba que Anand fuera capaz de ganar el Torneo de Candidatos pocos meses después de perder el título. Bien porque mi rival ha sido el mismo o porque ha mejorado mucho con respecto al año pasado, mi juego ha sido inconsistente, con momentos buenos y malos. Sin duda alguna, puedo hacerlo mejor”.

Carlsen repitió varias veces la palabra “aliviado” para describir sus sentimientos, lo que de nuevo nos lleva a Kaspárov. Éste, en el Mundial de Sevilla 1987, tras ganar a Kárpov la última partida, corrió hacia donde estaban su madre y sus ayudantes, y les gritó: “¡Tres años más!, en referencia a que durante ese tiempo ya no tendría que pensar en Kárpov obsesivamente, día y noche. Salvando las distancias –Carlsen no ha tenido que sufrir ni una pizca de las presiones políticas que atenazaron a las dos K durante la mayor rivalidad de la historia de todos los deportes-, el noruego podrá dedicarse ahora a confirmar que ya es uno de los mejores de todos los tiempos, aunque todavía no haya cumplido los 24 años.



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